Día anormal para un puñado de
jóvenes-adultos y tal vez gracias a las veces que ha ido, un poco más normal
para Fernando, un adulto, quien fue el que nos "guio". Sí, así transcurría
un día en el que debíamos hacer un trayecto en el medio de transporte desbordadamente
masivo que funciona en Bogotá, llamado Transmilenio. Trayecto que consistía en
ir de una estación habitualmente utilizada por muchos de nosotros, hacia uno de
los portales de este medio de transporte publico ubicado en las periferias de
la ciudad.
Un día anormal porque no veíamos lo
habitual, porque no íbamos para donde siempre vamos, porque no había el mismo
estilo de personas que vemos y porque no sentía personalmente que fuese para un
lugar que espacialmente me generara comodidad y seguridad.
Pero mientras para muchos de nosotros se
presentaban malos olores, posiblemente debido a la lluvia que empañaba
los vidrios y las ventanas, se presentaban personas recostándose prácticamente
encima de uno y muchas otras cosas. Para miles de personas que tienen que hacer
este o inclusive trayectos más largos era un día completamente normal. Para
muchas al subirse al biarticulado y ver que no estaba lleno como en horas pico tal
vez las alivio un poco. Cada personas metida en su mundo, pensando posiblemente
como rebuscársela al otro día. Sí, rebuscársela como sea, como lo hacen un
grupo de jóvenes que se suben a compartir su música y su talento con los que
utilizan ese transporte.
Nosotros fuimos un día, pero hoy y todos
los que siguen las mismas personas siguen yendo y viniendo, no por experimento
o algo así sino porque les toca.
Sebastián Martínez Ángel


